Un gol del catalán a falta de tres segundos afianza el noveno puesto para un Tubos Aranda que mira desafiante al top 8
No era un sábado cualquiera. Tampoco ningún domingo lo fue. Ni viernes, ni miércoles… Y tal vez eso resume lo que es el Villa de Aranda. El mundo se detiene, se tiñe de amarillo y desgasta su garganta en el Santiago Manguán. Y con paellada de por medio, no fue menos. REBI BM Cuenca puso contra las cuerdas a los de Javi Márquez, pero el jngrediente secreto del ADN arandino volvió a relucir. Dalmau Huix se elevó por los cielos arandinos y cambió la amargura del empate por una victoria de enorme mérito (35-34).
Se mantuvo muy parejo el encuentro ya desde el inicio. Con un amarillo chillón, en todos los sentidos, rebosando las gradas de la capital del balonmano burgalés, el Tubos Aranda fue carburando poco a poco gracias en parte a unos primeros minutos escandalosos de Dalmau Huix y Víctor Megías. El capitán, que ejerció como pivote, se adaptó a las mil maravillas a su nuevo rol y tuvo especial importancia en el apartado goleador (9-9).
Con el empate establecido en el luminoso, el Tubos Aranda asestó su gran puñalada para desequilibrar el partido antes del descanso. Tres goles de diferencia (14-11) y un cuadro amarillo inspirado en ataque dejaron en nada el tiempo muerto solicitado por Lidio Jiménez a falta de cuatro minutos y terminaron fijando el tanteador en 16-14.
Todavia más fulgurante fue la vuelta de vestuarios. La ventaja de dos dianas ascendió hasta las cuatro por momentos, y ni las exclusiones, frenaron el gran momento de los locales. No obstante, la reacción de los conquenses aparecería. Y vaya si aparecería. Ni la expulsión de Perbelini, ni las paradas de Max Vyunyk evitaron que los visitantes fueran acercándose poco a poco hasta poner el empate a falta de nueve minutos (28-28). Tablas que incluso se convirtieron de manera favorable en dominio visitante a falta de seis minutos (29-31).
Era el momento. El ADN arandino tenía que aparecer. No podía fallar en un día así. Y poco a poco se fue obrando el milagro. Arthur Pereira en el 58 cerró el empate a 33 desde los siete metros… Y el REBI BM Cuenca no sabría salir del atasco. El Santiago Manguán apretaba y restaban apenas treinta segundos. Bola para Aranda. La pizarra de Javi Márquez presente. En la pista… el héroe de Guadalajara. Don Dalmau Huix Trenco. Apuró hasta el 59:57 y entonces el mundo se paró. El primera línea flotando por encima de la defensa verdinegra. La mirada de más de 2.000 espectadores. Y un balón que reventó la red de Pedro Tonicher.
Explosión de júbilo. Alegría. Emoción. Orgullo. Un gol que no daba una permanencia, y que no por ello se dejó de celebrar igual o más. Aranda es eso. Valorar los pequeños momentos. Valorarlos y disfrutarlos con los suyos. 35-34 que asegura al menos una jornada más en la pugna por la octava posición y que llena de buenas sensaciones al equipo de Javi Márquez antes de la visita al Palau.

