El cuadro ribereño cierra el curso en novena posición tras caer ante BADA Huesca en un segundo tiempo lleno de contratiempos (28-34)
Todo sueño necesita su final para abrir uno nuevo. Esta tarde el Santiago Manguán despedía una de sus mejores travesías en los 25 años que el Villa de Aranda ha teñido de amarillo Santa Catalina y alrededores. Pese a que el final no ha resultado el deseado tras una firme derrota ante Bada Huesca (28-34), los sentimientos han invadido el plano deportivo. Orgullo, emoción, alegría, atisbos de melancolía ante las inminentes despedidas… Un The Last Dance que ha valido la pena.
Y es que el partido no se ha quedado atrás de todo ese remolino de emociones y sentimientos. Con la igualdad por bandera e incluso con ligero dominio rojillo en el primer ecuador de la primera mitad, el Tubos Aranda encontró en su gen la manera de revertir ventajas de hasta tres goles. Un inspiradísimo Dalmau Huix y la respuesta de la meta defendida por Vyunyk y Pau Guitart dieron alas para que el choque experimentara un gran giro.
Pol Roy y el propio Dalmau Huix rompieron el empate imperante de los últimos diez minutos (14-14) y no solo mejoraron la cara de los amarillos, sino que pusieron tierra de por medio para desatar la locura en el Santiago Manguán en el bocinazo intermedio (16-14). Golpe de autoridad y una clara esperanza de que el Top 8 podía ser una realidad .
La película cambió por completo tras la vuelta de vestuarios. Huesca, consciente de que momentáneamente era equipo de DHP, reaccionó rápido y eficazmente con la figura de Miguel Malo como principal baluarte. Una clara progresión ofensiva y el inicio de una larga secuencia de penas máximas y exclusiones rivales cuestionables provocaron que en tan solo cuatro minutos ya cambiara el dominador del choque (18-19).
A partir de entonces, poco remedio encontraron los amarillos, quienes pese a remar contra viento y marea no lograron frenar el vendaval oscense. Todo ello, también con el plus de las dificultades en las decisiones arbitrales, cuya presencia mermaron en demasía cada pequeño arrebato arandino. Finalmente, 28-34 que deja al Tubos Aranda en noveno lugar y que da por finalizada una temporada escrita con letras de oro.
Despedidas, emociones a flor de piel y mucho cariño definen una temporada que arrancó como un simple sueño. Algunos lo denominaron como una ilusión de tres meses, otros como una moda pasajera… Pero el tiempo hizo su trabajo para que todo un país grite a los cuatro vientos: Aranda es de ASOBAL. Efectivamente, el viaje valió la pena.

